“Los de allá” vs. “los de acá”: ¿cómo convertirse en un ciudadano del mundo?

Los delata el acento, la vestimenta y los sueños en un idioma incomprensible. Extienden la mano antes de ofrecer la mejilla.  Son los que revuelven con la bombilla antes del primer sorbo de mate.

A los ojos del argentino, se trata de “los de allá”, porque jamás pertenecerán al grupo privilegiado y seguro de “los de acá”.

Están por todos lados. Los encontramos en nuestras oficinas, universidades, clubes y escuelas. Caminan por nuestras calles y plazas, explorando la ciudad con ojos fascinados, atentos y hasta críticos.
Miremos este mapa….

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¿Suena conocido? Quizá no, justamente porque son completamente ajenos a nuestro mundo.

Si bien reciben diferentes nombres y  llegan de múltiples rincones del mundo que nada se parecen entre sí, a su llegada a nuestro país los espera el sello inconfundible de una identidad única y  poderosa: todos se convertirán en… los extranjeros.

Simplemente, sapos de otro pozo. Se sentirán diferentes, distintos y hasta distantes.   Los ciudadanos locales, por su lado, les harán el favor de confirmarles sus sospechas: los “nuevos” son  y serán inevitablemente “los otros”. Estos otros no solo representan la constante incertidumbre y la diferencia, sino que además obligan al ciudadano local a confrontarse con lo desconocido de sí. ¿Acaso no todos tenemos un costado exiliado de nosotros mismos, del que nada queremos saber?

Pero… ¿quiénes son exactamente los extranjeros? Vienen en diferentes envases.  Veamos…

• Viajeros temporarios atraídos a la Argentina por una temporada de tango y fútbol, o por un amor argentino

• Diplomáticos y ejecutivos asignados a un traslado internacional

• Jóvenes profesionales que buscan en nuestro país sus primeras prácticas profesionales en un entorno multicultural

• Y hasta Argentinos repatriados que vuelven a un país diferente al de sus recuerdos, encontrándose con la mirada anciana de padres que no vieron envejecer.

 La lista sigue.

¿Por qué interesarse por el extranjero?

El extranjero atraviesa un período de transición entre culturas que multiplica sus dificultades de adaptación. La diferencia de lenguas y costumbres, así como el impacto de lo nuevo y diferente configura un escenario de incertidumbre que parece no tener fin: el shock cultural.

Quienes viven, estudian o trabajan con personas de otras  realidades culturales también atraviesan un shock allí donde se hace inevitable negociar, consensuar o compartir con alguien que “nada tiene que ver con nosotros. Se espera que esa figura desconocida -sujeta a más prejuicios y estereotipos que realidades medibles- se adapte y adopte el “único modo correcto de hacer las cosas”: el nuestro, por supuesto….

Sin embargo,  y contrario a lo que se supone, el ciudadano local también tiene la responsabilidad de alojar y recibir. Simplemente porque la extranjeridad es compartida.  Parafraseando a Julia Kristeva: “El extranjero empieza a emerger con la conciencia de mi diferencia y concluye cuando todos nos reconocemos como extranjeros”.

¿Rechazar o recibir? Esto dependerá del tipo de observador que somos. ¿Es el otro una oportunidad única de aprender a mirar el mundo desde una nueva lente? ¿O solo se trata de un vecino indeseable que jamás se va a parecer a  la gente de mi bando?

Volvamos a pensarlo. Nuestra interacción con personas de otras culturas puede ser una oportunidad inigualable  para potenciar habilidades dormidas.  Eso es lo que hacemos los Entrenadores, Coaches y Consultores Interculturales: acompañar a las personas y equipos a desarrollar competencias interculturales, el camino por excelencia para ampliar miradas y tender puentes donde solo vemos fronteras.

Cuando nos volvemos culturalmente competentes,  aparece la posibilidad de vincularnos con el otro desde la humildad. Nos volvemos más poderosos y conscientes de las diversas formas que existen de percibir la realidad.

Incluso nos hace más libres, al soltar las ataduras que nos sujetan a un único modo posible de ver y hacer y abrirnos a la multimirada.

Cuando desarrollamos competencia intercultural, redefinimos el  viejo mazo de cartas con el que nos tocó jugar a lo largo de nuestras vidas, y aprendemos que es posible jugar otro juego y con otras reglas.

Ahora, es tu turno. Te dejo con algunos interrogantes:

En un mundo cada vez más diverso y globalizado, ¿estás realmente dispuesto a ver al extranjero como una posibilidad, y no como  una amenaza?

Cuánto más vas a esperar para superar tus prejuicios y convertirte en un ciudadano del mundo: ¿flexible, multifacético y capaz de enriquecerte con las diferencias?

Por Natalia Sarro

Coach Intercultural – Lic en Psicologia

nataliasarro@gmail.com

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