El último lugar donde esperaría tener un shock cultural

El concepto del shock cultural es bastante familiar entre interculturalistas y personas que han viajado alguna vez a otro país. Por lo general, suele existir suficiente consciencia sobre sus consecuencias reales en los expatriados, sus familias y las organizaciones involucradas en el proceso. Por esta razón, cada vez es más común tomar medidas concretas para revertir, o al menos mitigar el shock cultural: desde evaluación de candidatos, a entrenamiento cultural, coaching, etc.

Sin embargo, muy poca atención se ha prestado a cuestiones culturales cuando las organizaciones reubican a empleados dentro de un mismo país. Y no es que el shock cultural doméstico sea algo desconocido. Los desafíos que puede enfrentar un pueblerino repentinamente trasladado a la gran ciudad de Buenos Aires, sólo pueden compararse con los de un citadino mudándose a un humilde poblado rural. De hecho, el shock cultural doméstico suele tratarse más como un chiste que como un problema real. ¿O acaso nunca has escuchado bromas de tus colegas con el santiagueño, cordobés o correntino que acaba de llegar a Capital Federal? El tema es más sensible de lo que aparenta, porque, como si se tratase de un expatriado internacional, también tiene el potencial de hacer fracasar la reubicación.

choque-culturalLamentablemente, aunque aún no existen estudios numéricos sobre las asignaciones domésticas fracasadas por cuestiones de shock cultural, los comentarios y anécdotas de clientes y expatriados internos demuestran su existencia.

El shock cultural es el fenómeno psicológico y fisiológico que ocurre cuando los individuos conviven con diferencias culturales que desafían sus creencias, sus expectativas y hasta su identidad. Y este fenómeno es real tanto para mudanzas dentro de un país como fuera de este. En ambos casos el reubicado puede encontrarse con diferencias en creencias, conductas, actitudes y protocolos.

El shock cultural doméstico tiene más posibilidades de crecer si la mudanza conlleva la combinación de varios elementos que implican diferencias, tales como: geografía (ej: de norte a sur o del mar hacia las montañas) y economía (ej: de área rural a urbana). Entonces, un traslado de algún pequeño pueblo de Formosa a Buenos Aires, demandará ajustes significativos. Y al igual que el shock cultural internacional, si los asignados son acompañados por su familia, los efectos se incrementan exponencialmente, ya que cada miembro de la familia estará experimentando sus propios desafíos culturales.

Paradójicamente, el shock cultural internacional es más agudo en lugares que aparenten ser relativamente familiares. ¿Por qué? Porque el alcance y escala de las diferencias en estos lugares “familiares” es mucho más que la esperada. Si uno no espera encontrar diferencias, muy raramente se preparará adecuada mente para enfrentar diferencias inexistentes. El resultado suele ser catastrófico. Algo similar sucede con las reubicaciones domésticas. Mientras la similitudes lingüísticas y culturales son más predominantes en las mudanzas domésticas, de alguna maneras nos ciegan sobre el impacto de las diferencias que existen y que podrían ser hasta más profundas que en el exterior.

La mejor manera de describir este trastorno nacional es “sorpresa cultural”. Incluso las diferencias más pequeñas son capaces de generar estrés. Y es hora de admitir que las personas en un mismo país no son iguales y que puede resultar muy costoso para la organización si no gestionan estas diferencias de manera adecuada.

Marcelo Baudino

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