RAMS: El choque entre culturas de un mismo territorio

Autora: Laura Turner  / leturnermd@gmail.com

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Este film refleja una historia que acontece en un pequeño país: Islandia.
En un extremo, la capital, una abstracción extraña para los habitantes del extremo opuesto: un desierto helado donde hombres y ovejas conviven en familia desde tiempos inmemoriales.
Una familia está dispuesta a todo cuando uno de sus miembros se encuentra en peligro.
Las ovejas contraen una enfermedad incurable y contagiosa. Es preciso exterminarlas para no contaminar los campos. El heno debe quemarse, los establos deben ser cuidadosamente desinfectados.
Si se extingue su simbólica progenie, la  estirpe humana también se encuentra amenazada: ambas desaparecerán. Ninguna de ellas puede vivir sin la otra.
Los “otros”, los citadinos que irrumpen en esas tierras olvidadas, que sólo existen para que ellos puedan ejercer su patética autoridad, vienen a hacer cumplir el decreto y amenazan con juicios y tribunales a aquellos que creen débiles e ignorantes. Son más fríos que las tierras que intentan doblegar. Esas tierras de arraigos ancestrales que no reconocen el tiempo, donde hombres y animales jamás se resignarán.
Allí nacieron y allí descansarán.
Y ninguna de las dos tribus concibe la menor posibilidad de reflejarse en la otra.
Son extraños al igual que los paisajes que habitan. El de la Naturaleza, y el de La Capital.

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Aprendiendo sobre Aotearoa

María Inés Quiroga es Profesora Universitaria de Lengua y Cultura Inglesa de la UNCuyo (Mendoza, Argentina) y tiene una Maestría en Comunicación Intercultural de la Universidad de Maryland, Baltimore County (Maryland, EEUU). Hace más de 8 años que trabaja en el área de Aprendizaje de Competencias Interculturales, mayormente en educación y programas interculturales, y es miembro fundadora de Sietar Argentina. El amor por la interculturalidad y la aventura la llevaron a mudarse a Auckland, New Zealand (NZ) en Junio 2016 y desde allá nos manda este artículo contándonos sobre NZ.

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Me despierto en mi nuevo departamento de Auckland. Me parece mentira, hace casi tres meses dejé mi departamento de Buenos Aires. Este es más amplio, y está en un complejo de departamentos más chiquito (pasé de un piso 13 a un segundo piso, y de tener cientos de vecinos a tener ocho). No hay muchos edificios altos acá en Auckland salvo en el CBD (como le dicen al centro, Central Business District) que es donde se concentran los edificios altos. Auckland es más bien una ciudad que se distribuye a lo ancho y no tanto a lo alto.

Me preparo para ir al gimnasio y salgo. En estos días que tengo tiempo libre disfruto de mis clases de yoga y pilates por la mañana. También salgo a correr, a veces, cuando el clima lo permite. El invierno aquí es relativamente frío y llueve mucho, se caracteriza por tener las cuatro estaciones en un mismo día. “Tía, te vas a vivir a una isla, no?”, me dijo mi sobrino antes de partir. Y sí: Nueva Zelandia es un conjunto de islas y de ahí viene su nombre. Los primeros que la descubrieron fueron unos navegantes holandeses, entre ellos Albert Tasman, quien primero creyó que había llegado a una de las islas del sur de Argentina. Ellos fueron quienes dejaron su legado al ponerle el nombre de Niew Zeeland o New Sealand porque hay una provincia “Zealand” al sur-oeste de Holanda y es llamado así porque tiene varias islas (sea-land). Para los maoríes, los primeros habitantes de estas tierras, NZ es Aotearoa que significa «tierra de la gran nube blanca», y estoy de acuerdo con ellos: es otro nombre que la caracteriza.

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La silueta de Auckland desde Mt. Wellington y su gran nube blanca. Foto: María Inés Quiroga

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Mindfulness y Proceso de Adaptación Intercultural.

por Alejandra Ferreiro

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Mindfulness o Conciencia Plena es una práctica meditativa que  favorece nuestra capacidad de estar en contacto con el momento presente, e incrementa nuestra capacidad de darnos cuenta (awareness).

¿Darnos cuenta de qué?

De lo que sea que ocurre y nos ocurre en el presente ante el ojo interior de nuestra conciencia, sin juzgarlo.

La práctica regular del Mindfulness y el trabajo consciente sobre nuestra Inteligencia Emocional son herramientas eficaces para superar los desafíos afectivos y cognitivos que demanda la gestión adaptativa de nuestras “aventuras interculturales”,  sea a miles de kilómetros de casa o donde quiera que estemos y entremos en contacto con “lo diferente”.

Identidades y  culturas.

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La cultura es el “software” con que funcionamos los humanos. Sigue leyendo

Libro recomendado: La Masai Blanca

En el mundo de las relaciones románticas, la  diversidad cultural siempre ha ocupado un capítulo aparte, y particularmente seductor. Aunque sea casi un tema tabú en algunas culturas, para muchas personas representa una fascinación irresistible y, en cierto grado, es hasta comprensible: la mayor incertidumbre, el sentido de aventura, la atracción de lo exótico, etc. hacen que estar con una persona de otra cultura, al menos nos llame la atención.

La masai blanca

La boda de Corinne y Lketinga bajo el ritual de los samburu

Hasta este punto quizás estemos de acuerdo. Las diferencias de los integrantes de una pareja, transforman a una relación en una aventura verdaderamente exótica y emocionante. Sin embargo, ¿cuáles son los límites de esas diferencias? ¿Debería existir al menos alguna base de entendimiento común entre los enamorados más allá de la atracción química? ¿Qué pasa cuando las barreras de comunicación son tan amplias que ni siquiera se comparte una misma lengua? ¿O acaso el idioma del amor es suficiente para sortear cualquier inconveniente? Esto son algunos de los interrogantes que se abordan a través de una historia de amor inverosímil entre una mujer empresaria suiza de 27 años y un guerrero de la tribu de los Samburu, que se conocieron durante las vacaciones de la primavera en las costas de Kenia, África.

La globalización y la creciente interconexión virtual han impulsado a las interacciones multiculturales en los ámbitos profesionales y personales a niveles nunca antes vistos. Como consecuencia, los choques y malos entendidos culturales son moneda corriente. Sin embargo, aún es este contexto sumamente multicultural, no es posible imaginarse el choque de 2 culturas con realidades, dilemas sociales y contextos tan opuestos, cómo se exponen en el libro.

Jugando casi con la seducción de las complexidades que genera una pareja tan dispareja, el libro, escrito por Corinne Hofmann, la propia protagonista de la aventura, relata en primera persona lo que sucede cuando dos mundos contrapuestos se conocen, se enamoran y se atreven a buscar un futuro juntos. Aunque con un poco de sentido común podemos imaginarnos el desenlace de tal relación, la misma logra construir puentes de entendimiento, comunicación y compromiso inconcebibles; que no hacen más que darnos más ánimos y esperanza a quienes estamos involucrados en relaciones interculturales no tan disímiles.

El libro deja en evidencia que el desarrollo de entendimiento cultural no es tan ajeno a cualquier persona; solo hace falta un poco de amor de por medio. ¿Qué estas esperando para enamorarte de una persona de otra cultura?

Marcelo Baudino

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El último lugar donde esperaría tener un shock cultural

El concepto del shock cultural es bastante familiar entre interculturalistas y personas que han viajado alguna vez a otro país. Por lo general, suele existir suficiente consciencia sobre sus consecuencias reales en los expatriados, sus familias y las organizaciones involucradas en el proceso. Por esta razón, cada vez es más común tomar medidas concretas para revertir, o al menos mitigar el shock cultural: desde evaluación de candidatos, a entrenamiento cultural, coaching, etc.

Sin embargo, muy poca atención se ha prestado a cuestiones culturales cuando las organizaciones reubican a empleados dentro de un mismo país. Y no es que el shock cultural doméstico sea algo desconocido. Los desafíos que puede enfrentar un pueblerino repentinamente trasladado a la gran ciudad de Buenos Aires, sólo pueden compararse con los de un citadino mudándose a un humilde poblado rural. De hecho, el shock cultural doméstico suele tratarse más como un chiste que como un problema real. ¿O acaso nunca has escuchado bromas de tus colegas con el santiagueño, cordobés o correntino que acaba de llegar a Capital Federal? El tema es más sensible de lo que aparenta, porque, como si se tratase de un expatriado internacional, también tiene el potencial de hacer fracasar la reubicación.

choque-culturalLamentablemente, aunque aún no existen estudios numéricos sobre las asignaciones domésticas fracasadas por cuestiones de shock cultural, los comentarios y anécdotas de clientes y expatriados internos demuestran su existencia.

El shock cultural es el fenómeno psicológico y fisiológico que ocurre cuando los individuos conviven con diferencias culturales que desafían sus creencias, sus expectativas y hasta su identidad. Y este fenómeno es real tanto para mudanzas dentro de un país como fuera de este. En ambos casos el reubicado puede encontrarse con diferencias en creencias, conductas, actitudes y protocolos.

El shock cultural doméstico tiene más posibilidades de crecer si la mudanza conlleva la combinación de varios elementos que implican diferencias, tales como: geografía (ej: de norte a sur o del mar hacia las montañas) y economía (ej: de área rural a urbana). Entonces, un traslado de algún pequeño pueblo de Formosa a Buenos Aires, demandará ajustes significativos. Y al igual que el shock cultural internacional, si los asignados son acompañados por su familia, los efectos se incrementan exponencialmente, ya que cada miembro de la familia estará experimentando sus propios desafíos culturales.

Paradójicamente, el shock cultural internacional es más agudo en lugares que aparenten ser relativamente familiares. ¿Por qué? Porque el alcance y escala de las diferencias en estos lugares “familiares” es mucho más que la esperada. Si uno no espera encontrar diferencias, muy raramente se preparará adecuada mente para enfrentar diferencias inexistentes. El resultado suele ser catastrófico. Algo similar sucede con las reubicaciones domésticas. Mientras la similitudes lingüísticas y culturales son más predominantes en las mudanzas domésticas, de alguna maneras nos ciegan sobre el impacto de las diferencias que existen y que podrían ser hasta más profundas que en el exterior.

La mejor manera de describir este trastorno nacional es “sorpresa cultural”. Incluso las diferencias más pequeñas son capaces de generar estrés. Y es hora de admitir que las personas en un mismo país no son iguales y que puede resultar muy costoso para la organización si no gestionan estas diferencias de manera adecuada.

Marcelo Baudino

Una historia personal, ¿Que significa el shock cultural?

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La primera vez que llegue a Australia a la edad de 16 años para tomar algunas clases en el secundario (preparatoria) y vivir con una familia anfitriona estaba por las nubes con todo, y cuando digo todo es todo. Cuando el avión aterrizó en Sidney estaba tan emocionada de haber llegado finalmente a Australia, algo que había estado planeando por meses.

Sin embargo, este sentimiento no dura para siempre, y yo estaba a punto de experimentarlo. Luego de dos meses las cosas comenzaron a sentirse raras, las diferencias se hicieron más aparentes. Comencé a extrañar a mis amigos y familiares cada vez más y más. Pensamientos frustrantes se volvieron cada vez más populares en mi cabeza “Nadie me entendía realmente” “mi ingles no era suficientemente bueno” “ojala la gente pudiera hablar alemán por un día” “porque es imposible encontrar pan como el que hacían en Alemania” “desearía que el transporte público funcionara de la misma manera que en casa” y así seguía. Estos pensamientos eran por supuesto altamente improductivos y no ayudaban. Pero estos pensamientos son parte de un proceso y encabezan la “fase de negociación”. Sentimientos de ansiedad saldrían de mí sin explicación aparente.  La melancolía dominaba mis noches. Por supuesto no era así todo el tiempo “sentimientos de entusiasmo se tornarían en desorientación y frustración”.Las fases no están claramente marcadas, cada fase engancha con la próxima y algunas veces la sensación es de hacer dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás.Mucha gente confunde el término shock cultural con la fase de sentirse disconforme, la confusión, la frustración, la nostalgia antes de adaptarse a la cultura extranjera. Sin embargo el shock cultural es mucho más, también incluye la etapa de las primeras semanas o meses llamada “fase de enamoramiento” donde todas las nuevas experiencias y aspectos culturales tales como la forma de vida y la interacción con otros por medio de la ropa, la música y la comida aparentemente exótica son tomados con felicidad. Te encuentras, por así decirlo, vistiendo unos anteojos culturales que te hacen ver todo color de rosas mientras flotas en una nube cultural.Pero, aunque todos los estudiantes de intercambio habíamos participado en un día de integración, ninguna preparación podría haberme hecho esquivar el inevitable shock cultural que estaba por experimentar, y estoy agradecida de no haberlo estado.

Quiero señalar que el efecto del shock cultural es diferente en cada uno y puede resultar en diferentes comportamientos y sentimientos. El timing entre las diferentes fases también varía mucho de persona a persona. Una cosa es segura: el shock cultural es inevitable y aceptarlo es el primer paso hacia el ajuste a una nueva cultura.Las cosas comenzaron a tener sentido y yo entendí la cultura australiana  cada vez mejor y mejor (al menos la cultura que vivía junto a  mi familia anfitriona y mi secundario en Sidney) esto fue un gran ruptura personal. Cada día me sentía más y más cómoda con mi nueva casa. Adopte muchos rasgos nuevos mientras mantenía algunos viejos de mi país de origen. A menudo me refería a mí misma como poseedora de una doble nacionalidad. Este proceso que ocurrio durante los últimos meses en el extranjero lo llamo “fase Master”. El momento más feliz fue cuando una querida amiga remarco “Ahora sos australiana, sos como nosotros”. Ella sabía lo que decía, acaso no me había visto transformarme de una tímida alemana que apenas podía seguir la conversación en una hablante fluida y bicultural australiana-alemana?Con los próximos meses fuertes sentimientos de pertenencia fueron superando aquellos sentimientos de desplazamiento y nostalgia. Desarrolle mi propia rutina, aprendí a adaptar el estrés con varias técnicas e hice nuevos amigos. Tuve una lenta entrada a la “fase de ajuste”. Había aprendido que esperar de la mayoría de las situaciones, había adaptado mi propio comportamiento y aprendido a apreciar nuevas formas de pensamiento y actitudes. Mi ingles mejoro dramáticamente, no solo mi vocabulario se expandió significativamente sino que también pensaba y soñaba exclusivamente en inglés. Durante esos meses desarrolle un interesante patrón de sueño de aproximadamente 14 horas seguidas. Mi mente necesitaba tiempo para recuperarse luego de experimentar tantos desafíos durante el día: hablando inglés, vistiendo  diferente, yendo a clase, haciendo nuevos amigos, observando y procesando las diferencias, ajustando mi propio comportamiento, analizando el significado de lo que la gente decía y traduciendo eso en algo que pudiera entender y responder apropiadamente.

Quitate el miedo

Este es mi granito de arena, aquello que me ayudo a mí a lidiar mejor con el shock cultural: Intenta superarte y crear nuevos vínculos. Habla inclusive cuando lo hagas con errores. Desarrolla una rutina. Pensá acerca de cómo combatís con el estrés en casa y trata aplicarlo en la nueva cultura: practicar Yoga, hacer deportes, salir a caminar, hablar con amigos. Trata de mantenerte positivo y ver los buenos aspectos en todo. Los pensamientos negativos son un círculo vicioso y pueden tirarte abajo rápidamente. Además, reírte de vos mismo o de cualquier cosa que te frustre (el humor nos ayuda a salir de situaciones no gratas). Siempre recuerda que podemos aprender de esto? No intentes negar los aspectos positivos de la otra cultura, a veces existe una razón válida detrás de porque las cosas son hechas de cierta manera. Date cuenta de que esto no significa que debas renunciar a todo lo que eres y en todo lo que crees. Esto simplemente abrirá  tus horizontes y ayudará a negociar entre las diferentes culturas.
Personalmente la mejor parte es el contacto cotidiano que aun mantengo con mi familia anfitriona con la que me hospede hace ya 10 años atrás. Los visité nuevamente con mi mamá y ellos me visitaron en Europa y pronto vendrán a visitarme a BsAs donde vivo actualmente. Estoy muy agradecida por su amistad y hospitalidad mientras atravesaba mi shock cultural (seguro no fue fácil) Su ilimitada generosidad fue un increíble modelo a seguir y me convenció de hospedar a mi propio estudiante de intercambio cuando sea mayor.Yo creo que si logras adquirir esas habilidades interculturales durante el shock cultural los sentimientos de desconexión y ansiedad no serán en vano. Y tal vez, si todos hiciéramos un intercambio de algún tipo viviríamos en un mundo más comprensivo y pacífico.

Por Judith Enders

7 consejos para tener en cuenta en una conversación intercultural

Estar en contacto con personas de diferentes culturas es una experiencia única. Quienes lo han vivido, seguramente han sido testigos de las sensaciones que produce el mundo de la interculturalidad; asombro, curiosidad, emoción, y lo más importante, unas ganas inmensas de aprender de los otros, probar nuevas cosas y vivir nuevas experiencias. Sin embargo, una situación intercultural también puede generar algunas sensaciones negativas. Algunas personas pueden sentirse ofendidas por los comentarios de otras, sentir desconfianza a causa de algo que dijo o hizo otra persona o incluso sentirse incómodas por la manera en que se comunican y comportan los demás.

Lo importante aquí es saber que es posible minimizar esas sensaciones negativas y aprovechar al máximo las oportunidades que traen las interacciones interculturales. El primer paso es ser sensible a las diferencias culturales e interesarte en conocer la cultura del otro. A continuación encuentras algunos consejos para que mantengas conversaciones amenas con cualquier cultura y en cualquier parte del mundo:

  1. Considera los 3 tabúes tradicionales: Sexo, religión y política son temas que deberían evitarse en la mayoría de las ocasiones sociales. Dependiendo de las culturas involucradas, estos tabúes pueden referirse con mayor o menor frecuencia. Si ocurre, adopta una posición de aprendiz.
  2. Evita comentarios en los que compares cosas de su cultura con cosas de tu cultura: Si hay algo que no comprendes de la otra cultura, pregunta y busca nueva información. Algún razonamiento lógico debe tener dentro de esa cultura. Nadie aprecia a un extranjero que juzga o evalúa en términos negativos a su cultura, pero sí a uno que muestra interés para aprender sobre ella.
  3. Identifica tus estereotipos: Hazte consciente de las ideas o preconceptos que tienes a cerca de la otra cultura y mantente abierto para desafiar y cambiar dichas ideas mientras vas conociendo más sobre la otra cultura. Si no lo haces, crearás una fuerte barrera a la comunicación con la otra cultura.
  4. Habla en términos generales sobre tu país: Cuando otros comenten o pregunten sobre tu país, habla en términos generales sin hacer mucho énfasis en tu experiencia personal. Esto evitará que el otro se cree una visión parcializada sobre tu cultura.
  5. Responde siempre de manera amable: Es posible que en algunas culturas te hagan preguntas que consideres demasiado personales o incluso intrusivas. En estos casos, lo mejor es ofrecer una respuesta ambigua.
  6. No hables de negocios antes de tiempo: En muchas culturas se considera mal visto hablar de negocios en situaciones sociales, así que lo mejor es esperar a que el otro ponga el tema sobre la mesa.
  7. Ofrece a los otros la oportunidad de conocerte: En algunas culturas las personas se definen a sí mismas por lo que hacen, en otras, por lo que son. Evita enfocarte exclusivamente en afirmaciones y preguntas sobre aspectos profesionales. En cambio busca aprender más sobre la personalidad, los antecedentes e intereses de los otros y revelar los tuyos.

Shirley Saenz
Miembro fundadora de SIETAR en Argentina