Un breve repaso de la exposición intercultural en Argentina

Con apenas 200 años de edad, Argentina ha vivido una historia realmente tumultuosa. Algunos sucesos que ocurrieron durante este tiempo tuvieron un impacto rotundo en la creación de la identidad argentina. Desde la campaña del desierto, los sucesivos golpes de estado y las oleadas migratorias sin precedentes a nivel mundial, contribuyeron en el nacimiento un personaje particular, diferente y único. Conocerse y por sobre todo, conocer las diferencias que existen con otras culturas, es fundamental para tener éxito en contexto cada vez más globalizado.

La exposición internacional que vivió Argentina desde sus primeros años de vida fue variando marcadamente. En primer lugar España, como país colonizador y dominante de las tierras por más de 300 años, brindó cierto marco cultural en el desarrollo de la propia identidad. A esto hay que sumarle la innegable influencia que otras culturas, como la italiana, la inglesa o la alemana, etc. han tenido durante más de 100 años de inmigración intensiva, la cual cambió para siempre el tejido social del país. Por último, nos encontramos con el legado de los pueblos originarios, que aunque diezmados por guerras, epidemias, abusos y exterminación, han agregado sus propios colores en el collage de la piel del argentino.

Ante este testimonio histórico, la primera conclusión que uno suele sacar es la siguiente: “La diversidad cultural es un hecho natural y corriente en la vida del argentino”. Pero esto no es totalmente cierto. De hecho, la carencia de conciencia cultural en muchos argentinos es como mínimo alarmante y sin duda, un punto de mejora de cara a su efectividad en la interacción con personas de otros países. Son varias las razones que dejan en evidencia esta situación:

  1. Los argentinos tienen ascendencia europea, pero su conexión actual con los países de dónde provinieron la mayoría de las generaciones pasadas es casi nula. Esto suele generar una falsa percepción de diversidad cultural entre los habitantes del país, ya que a pesar de tener un apellido italiano por ejemplo, en muchos casos nunca viajaron a Italia o no conocen a nadie allí.
  2. Argentina es el segundo país más extenso de América Latina y el octavo en el mundo. Su tamaño hace que no sea sencillo para un argentino acceder a experiencias internacionales más allá del turismo, como sí suele suceder en otras regiones del mundo.
  3. El argentino es un híbrido cultural: su historia lo ha apartado de los hábitos y costumbres de varios de sus vecinos continentales, pero su fusión regional también lo ha apartado de sus ancestros europeos. ¿El resultado? Un país de gente con identidad propia que no es ni tan diferente y ni tan igual a los de allá y ni a los de acá.

Pero lejos de considerar esto como una debilidad, creo que la cultura argentina nos brinda una oportunidad inigualable: Ningún país del mundo nos representa una brecha cultural demasiado grande y aunque existan diferencias con casi todos los países, el proceso de adaptación y ajuste nunca será tan marcado. Sea cual sea el país que un argentino quiera interactuar, ya se encuentra a medio camino en términos de los ajustes que necesita realizar. Y justamente aquí es dónde SIETAR encuentra su espacio. Ese paso fundamental, necesario y a veces ignorado o subestimado, hacia la efectividad intercultural, implica preparación, formación y acompañamiento por personas capacitadas para hacerlo. SIETAR Argentina brinda un marco de referencia en cuestiones interculturales, integrado por profesionales preparados, con vasta experiencia internacional y con las herramientas necesarias para desarrollar las habilidades esenciales que te permitirán triunfar en un mundo culturalmente diverso.

Marcelo Baudino
Miembro Fundador de SIETAR Argentina

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